Regresó manso y arrepentido a casa, a partir de entonces no volvió a ocurrir nada parecido. Este gato nos acompañaba por las calles del pueblo donde vivíamos por aquel entonces, a nuestro lado sin avanzar más rápido ni abandonarnos, era como un perro fiel.
Pero mi gozo en un pozo, porque aproximadamente a los dos años, empezaron a circular rumores en el pueblo de que mi querido gato se comía las gallina. Empezaron a perseguirlo por todas partes para acabar con él portando una herramienta de labranza. No podíamos retenerlo en casa ya que estaba acostumbrado a entrar y salir de la misma, era aventurero aunque siempre regresaba a su hogar.
Mi familia tomó la decisión de alejarlo del peligro y llevarlo a otro sitio donde no lo persiguieran para matarlo. Preguntaron a otras familias si quería adoptarlo pero nadie quiso. Yo estaba desesperada pero a pesar de mi corta edad comprendí que mi gato corría peligro y ahogando mi tristeza y dolor por la pérdida, me resigné, aunque no estaba de acuerdo en absoluto ni con apartarlo de allí y de mí y mucho menos de que los vecinos no atendieran a razones y se comportaran de aquel modo tan injusto y agresivo.
Lo llevaron a varios kilómetros de distancia a un lugar seguro lejos de la carretera y en medio de casas y huertas donde podía subsistir, él era un gato “busca.-vidas”.
Al cabo de tres días el gato regresó a casa sano y salvo. No nos explicábamos como había podido volver desde tan lejos.
Mi familia accedió a tenerlo unos días en casa y comprobar si volvía a ocurrir lo mismo pero el gato quería salir como siempre a hacer sus escapaditas y sucedió lo que temíamos: volvieron a perseguirlo.
Con más pena todavía por perder a mi amigo por segunda vez después de la heroicidad que había hecho al volver con nosotros, tuve que soportar que lo volvieran a alejar de mí, esta vez mucho más lejos y para siempre.
Mi querido y primer gato gris, no regresó nunca más, dejando en mí, en mi mente infantil y amante de los animales, un profundo y terrible pesar. Y lo más indignante: Se comprobó que no era él quien mataba las gallinas que siguieron desapareciendo y muriendo en las garras de otros animales como pequeños zorros que las atacaban en la noche. Pero ya no había remedio.
El que los animales no tengan unos derechos es totalmente injusto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario